domingo, 14 de junio de 2015

Pena. Desesperación. Dios


Algunas notas que apunté en su día de “Una pena en observación”

        Cuando eres tan feliz, tan feliz que no tienes la sensación de necesitar a Dios para nada, tan feliz que te ves tentado a recibir sus llamadas sobre ti como una interrupción... Pero vete hacia El cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿y con qué te encuentras?. Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojos (p.12), un cerrojazo de doble vuelta interior (p.13)…


       
“La recuerda mejor precisamente porque lo ha superado en parte”... No somos capaces de ver nada cuando tenemos los ojos enturbiados por las lágrimas. No podemos, en la mayoría de los casos , alcanzar lo que deseamos si lo deseamos de una forma demasiado compulsiva, o por lo menos no seremos capaces de sacar de ello lo mejor que tiene. Poco a poco he llegado a sentir que la puerta ya no estaba cerrada ni tiene echados los cerrojos. ¿No sería mi propia necesidad frenética lo que me la cerraba en las narices?... Igual que un hombre a punto de ahogarse al que nadie puede socorrer porque se aferra a quien lo intenta y le aprieta sin dejarle respiro. Es muy posible que nuestros propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperábamos oír. (pp. 66-67)

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